dimarts, 26 de març de 2013

Y ella me regaló la luna

Primero lo llamaron el Puente del Trabajo; después, con la democracia lo rebautizaron con el nombre de Puente del Trabajo Digno y aguantó decenios hasta que lo destruyeron en aras del progreso. Ahora ese puente no es más que escombros y en su lugar han construido un nuevo puente temporal que ha de hacer la misma función, mejor o peor, pero al menos permite pasar las personas de un lado a otro de las vías.  A este nuevo puente le siguen llamando el del Trabajo, pero ahora ya no es lo mismo.
Cada día cruzo ese puente con mi hija andando, en bicicleta, en autobús o en coche. Cuando lo hago andando aprovecho para enseñarle los trenes que pasan por debajo nuestro, las mutantes luces de la torre Agbar o los inmensos charcos que se forman entre las obras después de las intensas lluvias. Ella observa con interés, aunque estoy seguro que no hace caso de mis lecciones, si no de lo que a ella se le antoja.
El caso es que no hay vez que crucemos ese puente que ella no me sorprenda. Hoy lo ha vuelto a hacer. Era ya de noche cuando atravesábamos el falso puente del Trabajo (que ya no es Digno), y acabábamos de ver pasar un par de trenes en direcciones opuestas. Yo aún miraba las vías cuando ella ha exclamado el “Oh” que lanza cada vez que descubre algo que le interesa. La miré y vi que señalaba con el índice de su mano izquierda el cielo nocturno. Seguí su dedo y allí estaba la luna, con alguna de las pocas estrellas que nos deja ver la contaminación urbana.
MI hija me ha regalado la luna para celebrar el aniversario de nuestro primer viaje a través del puente indigno.

dimarts, 12 de març de 2013

Cónclave

En los pasillos sonaban los rumores de esperanza. Un sumo pontífice de Brasil, muy cercano a la Teología de la Liberación. Otros apostaban por el hombre que más había luchado contra los escándalos de pederastia en Estados Unidos, una persona de origen humilde.
Por primera vez se podía producir una revolución en el Vaticano, aires de cambio que pudieran llevar la Iglesia hasta el siglo XXI.
Los ciento quince cardenales con derecho a voto van dejando su papeleta "Eligo in Summum Ponticífem .....". Una vez depositados todos los votos, los escrutadores los validan en voz alta :

- Monseñor Odilo Pedro Scherer
- Monseñor Sean Patrick O'Malley
- Monseñor Angelo Scola
....

Uno a uno, los votos son clasificados. Una vez todos los votos han sido clasificados se cuentan.  Por lo que parece hay gran igualdad y va a ser imposible que hoy se produzca fumata blanca.

Una sombra comienza a aparecer en el techo de la Capilla Sixtina, entre las manos de David y de Dios. La sombra se hace cada vez mayor, y de pronto la oscuridad cubre toda la Capilla durante unos segundos. Luego, tal como apareció, desaparece. Los cardenales se miran confusos, no comprenden que acaba de suceder. El recuento se había suspendido por momentos. De nuevo se reanuda. Por fin se pronuncia el resultado:

- Habemus Papam!

El camarlengo Bertone se acerca hasta los escrutinadores y estos en voz baja le indican el nombre del elegido para ser el representante de Dios en la Tierra. Un rumor de sorpresa se extiende entre los cardenales presentes, era imposible que hubiese mayoría de ninguno de los candidatos. Bertone, una vez conoce la identidad del elegido se acerca hasta monseñor Scola y se lo lleva a la Sala de las Lágrimas.

Allí el antes cardenal italiano se queda solo.

Mientras el hombre escogido para ser la voz de Dios en este mundo toma conciencia de su destino, alguien aparece a su lado. No es una persona, no es un ser, es una sombra, como la que se extendiera minutos antes sobre la Capilla Sixtina. La sombra habla con una voz surgida de las profundidades de la tierra:

- Ya sabes a quién debes obedecer. Yo te he escogido, no me defraudes.

Monseñor Scola, el nuevo Papa de Roma, se arrodilla ante la sombra.

- Seguiré la senda de oscuridad marcada por mis antecesores. Juro que seré digno de mi cargo.

dilluns, 4 de març de 2013

Ahora o nunca

El hombre caminaba tranquilamente hacia su casa. Nunca volvía caminando pero esta vez se trataba de un día especial, el último día en su trabajo.
Diez años atrás también lo habían despedido por un final de contrato, pero las cosas eran diferentes, se trataba de su primer trabajo en el sector de la informática y aquel empleo le había servido para introducirse en el sector. No tardó más de tres meses en encontrar un nuevo empleo y desde entonces había sido él quien dejaba los trabajos para irse a otros más remunerados y de mejor categoría. Así, durante diez años.
Ahora llevaba más de seis años en esta empresa. Hacía mucho que no duraba tanto en una, desde los tiempos en que era administrativo en una empresa de alimentación. Y como en aquella ocasión, ahora también ve en la situación una oportunidad de cambio, de renacer profesionalmente.
Áquella vez el destino le hizo un guiño para cambiar de profesión; decidió que nunca más sería administrativo y se pasó al sector de la informática, comenzando desde el último escalón, desde la categoría más baja. Fueron un par de años de penuria económica, pero valió la pena. Aún recuerda la respuesta de su sobrino cuando él le animaba a estudiar, "para lo que te ha servido a tí..". Fueron momentos duros, pero salió a flote.
Durante cinco años se dedicó a subir pequeños peldaños hasta que encontró una empresa en la que se sentía a gusto y consideró que ya había llegado a donde quería estar. Nunca se quejó de su sueldo, la gente sabía que él estaba a gusto allí, a pesar de los dolores de cabeza del día a día en aquella profesión.

Hasta este día.
Ahora vuelve a casa soñando con lo que le puede proporcionar la libertad. Un nuevo cambio, que de nuevo se espera que sea duro y a menudo incomprendido. Habrá momentos de duda, de depresión y de miedo a haber tomado la decisión incorrecta. Pero es ahora o nunca, y él sabe que no puede dejar escapar la oportunidad, se lo debe a su familia.

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