dissabte, 16 de juny de 2012

δημοκρατία

“Grecia se juega hoy su salida de la Eurozona”
El especialista en economía hizo una breve pausa buscando que la audiencia asimilara tal aseveración. Un zumbido  se hizo audible en ese momento. La mosca se posó sobre la cara de aquel hombre que auguraba un futuro muy negro para la economía de los paises del sur de Europa.
Abrí la puerta del balcón para ayudar a que la mosca encontrase su camino de vuelta hacia la calle. Un aluvión de música trashmetal invadió la casa.
- ¡No tan fuerte, coño!, gritó desesperado un vecino que seguramente no podía dormir la siesta estival por culpa de algún niñato con tendecia a una sordera precoz.
“Los griegos se equivocan si piensan que votando a la extrema izquierda conseguirán aliviar su crisis, su única opción es recortar drásticamente el gasto público”.
Volví a centrarme en lo que decía aquel desgraciado que seguramente ya tendría toda su pasta fuera del país, por si las moscas. Hablando de moscas, la mía revoloteaba alegremente por todo el salón, aún tendría que cargármela. La música bajó el volumen de repente, imagino que el vecino cabreado habría hecho una visita al niñato del trashmetal. Hay cosas que son sagradas en este pais, una de ellas es la siesta.
“Lo peor de todo es que la caída de Grecia seguramente produzca un efecto dominó en todo el sur de Europa. España y Portugal serían los siguientes en salir del euro, lo que sería un desastre para nuestras economías, al menos a corto y medio plazo”.
"Al menos a corto y medio plazo", repito en mi mente. ¿Y después? ¿No sería quizás mejor esta solución que no intentar mantener con vida a un sistema moribundo? ¿quién saldría más malparado de la salida de estos paises del Euro? ¿o es que Alemania no corre el riesgo también de quedarse sin cobrar?
Por fin la mosca se marchó de mi casa, justo en el momento en que las noticias pasaban a la sección de deportes, a explicar cómo les había ido el día a nuestros muchachos de la Roja en Gdansk.
Hace unos días me horrorizaba la idea de que España tuviera que salir del euro, perder parte de mis ahorros que tanto me han costado ganar, pero ahora comienzo a pensar que al final los voy a perder igualmente, salgamos o no del euro. Para eso prefiero que el sacrificio sirva para algo, para un nuevo sistema, una nueva economía que elimine a los grandes carroñeros de nuestro sistema de una puñetera vez, aunque eso creo que nunca será posible, mala yerba nunca muere.

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