dilluns, 17 de desembre de 2012

La navidad de Sergio

A Sergio siempre le gustó la navidad, es lo que tiene vivirla como un niño año tras año, desde hace cuarenta. Pero este año la navidad será triste. Nadie la va a celebrar con él. Su madre murió hace unos meses y le dejó solo ante la vida. Por primera vez en cuarenta años sintió el miedo de la responsabilidad.

¿Por qué se ha muerto mi mamá? – preguntó a los médicos
De cansancio, Sergio. Ya no pudo aguantar más. – le contestaron.

Esa respuesta cayó como un castigo sobre Sergio. No pudo más que sentirse culpable de la muerte de su madre. Ella lo sacrificó todo por él, nunca pudo volver a tener vida propia desde su nacimiento, desde que le dijeron que su hijo no era normal. Durante años ella luchó por demostrar que su hijo podía llegar a ser normal, que sólo era cuestión de cariño y esfuerzo, vaciándose en su empeño hasta que su corazón ya no pudo más. Mucha gente asistió a su entierro, pero Sergio aquel día se sintió por primera vez solo.

Desde ese día nada fue lo mismo, él se volvió más solitario, a pesar de que los vecinos se ofrecían a ayudarle. Su madre había querido que él fuese una persona independiente cuando ella no estuviera allí para ayudar. Y lo había conseguido, aunque Sergio dudaba de cada paso que daba. Ya nunca más estaría ella allí para decirle si lo estaba haciendo bien o para corregirle. Tampoco le podría decir si le habían intentado engañar o podía confiar en tal o cual persona. Esa desconfianza es la que le había vuelto más introvertido y únicamente se dejaba ayudar por los dos o tres amigos de su madre, los que siempre habían estado allí para ayudarle. Pero tampoco quería ser una carga para ellos, no quería que por su culpa les ocurriese lo mismo que le había pasado a su mamá.

Esta será su primera navidad solo. Le habían hecho varias invitaciones y a todas contestó agradecido que ya había aceptado otra invitación. Pero no es así. Sergio ha decidido pasar la nochebuena en casa, sin nada más que el recuerdo de su madre. Esta noche, cuando llegue a casa después de trabajar, se pondrá la tele, e irá a la cocina a por su cena. Al ser una noche especial la celebrará con una tableta de turrón de chocolate que se zampará entera, junto a una lata de Sprite (su bebida favorita), y se dormirá viendo una película antigua de las que tanto le gustan.

La imagen que tengo de Sergio es de aquella ocasión en que lo ví de la mano de su madre, parados en un semáforo; de improviso, él acercó su cara a la de ella y le plantó un beso en la mejilla. El beso más tierno que jamás he visto.

dimarts, 11 de setembre de 2012

L'home que sempre creua amb el senyor verd

Carai com plou! Vaig xop fins a les celles i encara em queda molt camí fins arribar al meu destí.  
Veig el semàfor verd i cap a ell vaig corrent, buscant travessar abans que pugui canviar. No tinc temps a perdre, no em puc  esperar.
Però el meu intent és en va. Just abans d’arribar l’home verd fa pampallugues, i ja no m’atreveixo a passar, em quedo aturat sota la pluja.
El semàfor comença a omplir-se de gent esperant per a creuar, mentre els cotxes passen i passen, i jo allà aturat, sense deixar-me de mullar.
De cop i volta els cotxes desapareixen i res ens impedeix passar a l’altre costat, res excepte aquell homenot vermell que ens avisa que està prohibit creuar.
Un home ben vestit es mira el rellotge, després mira el tràfic i creua amb pas ràpid. Jo m’ho miro bocabadat, què potser no ha vist el llum vermell?
Li segueix una dona amb el seu carretó de la compra, jo estic a punt d’estirar el braç per evitar  tal bestiesa però, no ho faig, per que darrera de la dona li segueix un jove en bicicleta.
I no passen cotxes, però el semàfor continua vermell. Ara creua un home amb la seva filleta agafada de la seva mà. La nena em mira i després al seu pare.
-        Pare, perquè no creua aquest senyor?

-         No deu tenir pressa – li contesta el seu pare

I tots dos passen a l’altre costat mentre jo me’ls miro sota la pluja des de l’altre banda. Ja només quedem una velleta i jo, rectifico, la velleta ja enfila el camí amb tota tranquil·litat cap a l’altre costat.
I aleshores jo penso, tant important és respectar? No podria jo també passar? Oblidar-me de les normes que des de petit m’han ensenyat, que redueixen la meva llibertat.
Ara és el moment de trencar!

Dono un pas, un altre, començo a assaborir la meva rebel·lia. Observo com els meus peus lluiten contra les ordres dictatorials del meu cervell. M’estic alliberant. Ja vaig pel mig de la carretera quan sento un cotxe a tota velocitat. Miro i el veig a sobre meu, però amb una sobtada frenada s’atura a un palm del meu cos. Em quedo glaçat. Altres cotxes arriben i s’aturen a l’alçada del primer.
Miro al semàfor i veig que ja està en verd.
Segueixo el meu camí mentre la pluja cau sobre meu. Potser ha estat una bogeria mirar de creuar en vermell, jo que sempre m’espero a veure el senyor verd.
 
(Dedicat a Els Amics de les arts)

diumenge, 8 de juliol de 2012

Eurocopa


- ¿Qué? ¿Viste la final de la Eurocopa?
- ¡Claro, cómo no! ¿Y tú?
- Yo también, ¡por supuesto!
- Yo pensaba que a ti no te gustaba el fútbol.
- No mucho, la verdad, pero como era una final pues me apeteció verla.
- ¿Y qué? ¿disfrutaste?
- ¡Muchísimo!, ¡qué coordinación! ¡qué elegancia! ¡qué sinfonía más hermosa! Mira que había visto jugar antes a esta selección y nunca me había fijado en ello.
- Pero si llevan cuatro años de éxitos consecutivos, siempre con este juego por bandera.
- ¿A qué te refieres?
- Al juego de la selección española, el orgullo de nuestro país.
- ¡Ah, claro!
- ¿No te referías tú a eso?
- Bueno, yo me refería a otra cosa.
- ¿A qué cosa?
- Al himno de Italia, Fratelli d'Italia.
- ¿Qué? ¿En una final de una Eurocopa y lo que más te interesa es el himno de Italia?
- Es que me enamoró. Lo había oído alguna vez, pero nunca completo, y de repente lo descubro cantado por el público, los jugadores, ¡todo un espectáculo!
- ¿Y qué importáncia tiene eso en un partido de fútbol?
- Mucha, para mí. Porque escuchas ese himno, y luego escuchas el de España, sin letra, cantado como si un grupo de borrachos cantaran el La La La de Massiel, sin vida, sin alegría, y es que perdona pero no hay color. Ya sólo por ese detalle, a Italia le deberían haber dado un gol de ventaja.
- ¿Estás metiéndote con nuestro himno?
- ¿No me negarás que es bastante sosillo?, no deja de ser una marcha militar. Compáralo con los de Italia, Francia, Gran Bretaña o Rusia. Esos sí que son himnos que invitan a cantarlos, son obras de arte.
- Bueno, ¿y el partido en sí que te pareció?
- No entiendo mucho, pero la verdad es que el estilo de España es fantástico. Ese mediocampo toca la pelota como si fuera una orquesta tocando un himno precioso. Hasta sin saber de fútbol te emocionas viendo como juegan. Espero que pronto se acabe la injusticia y se reconozca el mérito de esos jugadores.
- Dicen de darle el Balón de Oro a Iker Casillas.
- ¿Al portero?
- Sí.
- ¿Quieren premiar por fin el estilo de juego de una selección que ha ganado dos europeos y un mundial, y le van a dar el premio al portero? ¡Y luego soy yo el que no entiende de fútbol!

dissabte, 16 de juny de 2012

δημοκρατία

“Grecia se juega hoy su salida de la Eurozona”
El especialista en economía hizo una breve pausa buscando que la audiencia asimilara tal aseveración. Un zumbido  se hizo audible en ese momento. La mosca se posó sobre la cara de aquel hombre que auguraba un futuro muy negro para la economía de los paises del sur de Europa.
Abrí la puerta del balcón para ayudar a que la mosca encontrase su camino de vuelta hacia la calle. Un aluvión de música trashmetal invadió la casa.
- ¡No tan fuerte, coño!, gritó desesperado un vecino que seguramente no podía dormir la siesta estival por culpa de algún niñato con tendecia a una sordera precoz.
“Los griegos se equivocan si piensan que votando a la extrema izquierda conseguirán aliviar su crisis, su única opción es recortar drásticamente el gasto público”.
Volví a centrarme en lo que decía aquel desgraciado que seguramente ya tendría toda su pasta fuera del país, por si las moscas. Hablando de moscas, la mía revoloteaba alegremente por todo el salón, aún tendría que cargármela. La música bajó el volumen de repente, imagino que el vecino cabreado habría hecho una visita al niñato del trashmetal. Hay cosas que son sagradas en este pais, una de ellas es la siesta.
“Lo peor de todo es que la caída de Grecia seguramente produzca un efecto dominó en todo el sur de Europa. España y Portugal serían los siguientes en salir del euro, lo que sería un desastre para nuestras economías, al menos a corto y medio plazo”.
"Al menos a corto y medio plazo", repito en mi mente. ¿Y después? ¿No sería quizás mejor esta solución que no intentar mantener con vida a un sistema moribundo? ¿quién saldría más malparado de la salida de estos paises del Euro? ¿o es que Alemania no corre el riesgo también de quedarse sin cobrar?
Por fin la mosca se marchó de mi casa, justo en el momento en que las noticias pasaban a la sección de deportes, a explicar cómo les había ido el día a nuestros muchachos de la Roja en Gdansk.
Hace unos días me horrorizaba la idea de que España tuviera que salir del euro, perder parte de mis ahorros que tanto me han costado ganar, pero ahora comienzo a pensar que al final los voy a perder igualmente, salgamos o no del euro. Para eso prefiero que el sacrificio sirva para algo, para un nuevo sistema, una nueva economía que elimine a los grandes carroñeros de nuestro sistema de una puñetera vez, aunque eso creo que nunca será posible, mala yerba nunca muere.

diumenge, 20 de maig de 2012

Feligreses

"Menuda sorpresa", hacía mucho tiempo que no veía a los amigos de mis padres, una pareja a la que conozco de toda la vida y que siempre he visto como muy buenas personas.
Estábamos disfrutando de un paseo en aquella tarde soleada de primavera, junto a mis padres, una tarde en familia, cuando nos encontramos con Pepe y Elvira. Como acabo de decir, me alegré mucho de verlos. Pero después de un rato de conversación, ya no estaba tan contento.
"El otro día, los elementos estos jippis no dejaron hablar a los del ayuntamiento, que querían dar el inicio a las fiestas del barrio. ¡Menuda panda! Muchos con sus pendientes, melenudos..."
"Tendríamos que hacer como en Australia, que sólo deja entrar a los que van con trabajo, así no se nos meterían todos los que vienen a robar".

Siempre he sabido sus inclinaciones políticas y morales, pero reducir ciertos problemas a comentarios tan básicos me pareció poco inteligente. Pero lo que me hizo pensar más fue lo siguiente que dijeron:
"Bueno, nos vamos ya, que si no llegaremos tarde a misa"
Me ha hecho pensar tanto esta frase, que a ellos, y a los que son como ellos, les dedico la siguiente historia:

"En aquellos tiempos, vivía en Galilea un hombre que se había hecho con gran fama por sus sabios consejos. A Él acudían todos aquellos que tenían un problema, o que querían conocer la palabra de Dios.
Jesús, que así se llamaba aquel hombre, les atendía con gran cariño, bueno, a todos menos a aquellos que no tenían dinero para pagarle sus sabios consejos, o los que parecían gitanos, esos la verdad es que no le gustaban mucho y no les dejaba entrar en casa por si le robaban algo. Tampoco le gustaba que la gente le fuese a ver vestida de cualquier forma, les decía a sus fieles "Es muy importante tener buena presencia si se quiere ser alguien en la vida y así poder optar al Cielo. Tú, mi buen Pedro, tendrás que tener en cuenta esto que te digo cuando trabajes de portero para mí."
Todo aquel que iba a verle, y se lo podía pagar, salía satisfecho de los resultados. Cierto es que los milagros no eran baratos, pero también es verdad que Jesús ofrecía excelentes facilidades de pago, a un interés muy bajo, adaptado a todos los bolsillos. En caso de que no le pudiesen pagar, Jesús tenía la capacidad para revocar el milagro, eso sí, la deuda no desaparecía por la anulación del milagro, si no que el moroso estaba obligado a seguir pagando o atenerse a las consecuencias. "Perdono vuestros pecados, pero las deudas son otra cosa", decía el Mesías.
El problema fue cuando los fieles de otras creencias se vieron marginados por Jesús cuando esté proclamó que "los infieles, ateos y suicidas quedarán excluidos del Cielo, por muy buenas personas que sean, por no seguir mi doctrina; aunque me lo podría replantear por una módica suma de oro". Estos personajes desalmados decidieron vengarse del Mesías y lo crucificaron. Por eso deberíamos exterminarlos a todos, excepto a los suicidas, y no dejar ni uno vivo."

¿Os parece exagerado?, pues revisaos la historia de la Cristiandad hasta nuestros tiempos y quizás no lo veáis tan fuera de la realidad. En mi opinión, este es el Evangelio que iría más acorde con la mayoría de feligreses que acuden a Misa en estos días. Si Jesús levantara la cabeza....

dilluns, 7 de maig de 2012

El final

Nos subieron a aquel tren diciendo que era por nuestra seguridad. Se trataba de un tren de pasajeros bastante anacrónico, sacado de alguna película del Lejano Oeste, el viejo ferrocarril que unía la costa atlántica con la del Pacífico; sin embargo los asientos eran cómodos. De todos modos esa comodidad no me tranquilizaba, el caso es que me encontraba en un tren al que me habían subido "por mi propio bien", al igual que mi mujer y a mi hija. ¿Por qué? Nadie nos había dado ninguna explicación más. 
El ejército se había presentado en nuestro edificio y vivienda a vivienda habían ido recogiendo a todos los vecinos, trasladándonos sin tiempo a recoger ninguna de nuestras pertenencias. "Solo lo que lleven puesto, no hay tiempo para más. En el destino les darán todo aquello que necesiten.". Eso nos dijeron y no pudimos negarnos, no nos dejaban más opción. 
Alguien desató el rumor unos asientos por delante de los nuestros. Mientras mi mujer le daba la papilla a la niña - sus alimentos para un par de días fue lo único que alcanzamos a recoger antes de marchar - oí lo que alguien le comentaba en voz baja al del asiento de delante: "La profecía maya. No nos lo quieren decir, pero se está cumpliendo". Al principio casi se me escapa la risa, "menudo tarado" pensé. Pero no tardé en darme cuenta que pocas explicaciones mejores nos podían a dar a una evacuación a tan gran escala. La estación estaba a reventar en el momento que nuestro tren partía. Jamás había contemplado tal caos. A la velocidad que el rumor se expandía por el tren, un sentimiento de pánico se apoderaba de cada uno de nosotros. Nadie sabía qué hacer, ¿por qué nos evacuaba el gobierno?, ¿creían que habría posibilidades de salvar a la población?, ¿o quizás nos expulsaban de la ciudad para evitar un caos mayor? Yo observaba a mi familia, ¿qué sería de ellos?, ¿estábamos a punto de morir?, ¿y cómo? 
De pronto, alguien gritó. "¡Un médico!", quien lo pedía era un hombre que se había levantado para socorrer a un anciano que se había desmayado en su asiento. Imaginé que sería producto de la calor que hacía en el vagón. Estaba siendo un mes de diciembre muy frío, pero alguien se había pasado con la calefacción, o eso pensé, hasta que caí en la cuenta de que la ventilación del tren estaba apagada. Además, algunas ventanas estaban abiertas. ¿Cómo podía hacer tanto calor en pleno mes de diciembre? Ni siquiera en pleno verano en el desierto haría tanto calor. 
Y de pronto el suelo comenzó a moverse. Parecía como si el tren hubiese descarrilado. Me asomé por la ventanilla y lo que ví me dejó helado. Estábamos cruzando un escenario desértico. Un desierto surcado por inmensas grietas, y sobre esas grietas unas vías que se derretían. Debajo de las vías se abría un abismo oscuro, fauces de un monstruo que amenazaba con engullir al tren en pocos segundos. Entonces lo entendí todo. El dios Sol estaba sentenciando a la raza humana. Nuestro tren también se fundía, en breves instantes no seríamos más que cenizas, yo, mi familia, todos nosotros. Miré a mi mujer y a mi hija comenzando a deshacerse, observé como mis manos también entraban en combustión, mientras caíamos a un vacío infinito. 
¿Alguien escaparía de ese final?, ya todo daba igual. Para mí y para los míos era el fin del mundo.

dimarts, 1 de maig de 2012

Alberto no creía en Dios.
 Y cuando digo “no creía en Dios” es que realmente él creía fervientemente en su “no creencia”. No es tan sólo que de boquilla se declarase públicamente ateo por una cuestión de imagen, si no que realmente, él no daba un duro por la posible existencia de un ente superior.
Así que, el día que le dijeron que se debía someter a una operación de riesgo, tuvo bien claro desde el primer momento que no rezaría ninguna plegaria para pedir que todo fuese bien.
Ese mismo día, al igual que aquellos otros en los que se sentía apurado por algún problema, se acercó a casa de sus padres y les contó lo que ocurría. Sus padres escucharon con preocupación, y cuando Alberto acabó su explicación, su madre le dijo la misma frase que había dicho en todas las anteriores ocasiones:
- Tranquilo hijo, mañana mismo pondré unas velas en la iglesia para pedir al Señor por tu salud, y seguro que todo irá bien.

Alberto, como siempre, protestó diciendo que él no creía en esas cosas y que no era necesario, pero cuando salió de la casa de sus padres, convencido que su madre rezaría por él, se sintió mucho mejor.

dilluns, 23 d’abril de 2012

En el centro comercial

“Como nos hemos de ver”, eso pensaba Ulises mientras empujaba el carrito a través del centro comercial. Hacía tiempo mientras su mujer recorría las tiendas en solitario a la búsqueda de ropa con la que renovar su desfasado armario.
En un primer momento, Ulises pensó que el Starbucks sería un buen lugar para descansar, pero apenas sus labios habían rozado la espuma del café latte cuando la pequeña comenzó a quejarse. Antes de que la cosa fuera a más decidió sacarla del cochecito y cogerla en brazos. La enana parecía disfrutar observándolo todo, “seis meses, como ha cambiado en este tiempo”, una sonrisa de felicidad iluminó el rostro del papá. Desgraciadamente, la niña se cansó pronto de la distracción y no tardó en volver a quejarse, ahora con más insistencia. Ulises acabó el café con prisas, escaldándose la lengua; recolocó a la niña en el cochecito y salió pitando, bajo la mirada discreta del resto de clientes.
Los lloros no paraban, Ulises no sabía que hacer, tardó casi diez minutos en darse cuenta de su despiste: hacía ya varias horas que la niña se había tomado su último biberón y de nuevo le tocaba comer.
Así que Ulises buscó desesperadamente un buen lugar para darle el biberón a la pequeña. Delante de una tienda de moda de la que surgía música “chumba chumba” a todo volumen. No había tiempo para encontrar un sitio mejor.
Ulises se sentó en el banco, sacó el biberón y lo llenó con 210 mililitros de agua caliente del termo, vertió la leche en polvo que había preparado en casa (siete cucharadas ) y lo agitó. La niña detuvo sus lloros cuando su padre la sacó del cochecito y le dio el biberón. “Vaya imagen”, Ulises se preguntó si alguna mujer le estaría observando disimuladamente. Echó una mirada a su alrededor pero no vio que nadie le mirara.
Una vez la pequeña quedó satisfecha, Ulises la incorporó para que hiciera el “rotet”. Aprovechó para echar un ojo al móvil: tres llamadas perdidas y un par de whatsup de su mujer. Que si dónde se había metido, que si a ver si respondía, que estaba hasta las narices…

“Como nos hemos de ver”, volvió a pensar él. Por suerte la niña no se había…”¡oh, no!, ¿para qué hablé?”

diumenge, 11 de març de 2012

La calle de las ratas

“Carrer Vertés”, nunca hasta ahora me había parado a leer el rótulo municipal que anuncia el nombre de esta calle. Calle por decir algo, pues se trata realmente de un callejón sin salida, aunque tampoco lo he comprobado. Más de treinta años viviendo en el barrio y nunca he puesto un pie en esta calle situada a cien metros de mi casa.
Me viene a la memoria el día que ví salir corriendo una RATA en mayúsculas del callejón. Aquel monstruo salió escopeteado de allí para esconderse debajo de los coches aparcados en el carrer Gran. Desde siempre le he tenido fobia a esos animales, pero también un interés obsesivo. Cualquier película o documental que hable de ratas capta siempre toda mi atención (algo parecido me pasa con los nazis, pero eso es otra historia). Quizás la fobia me haya mantenido siempre fuera de la calle Vertés, pero la obsesión me hace recordar constantemente que nunca había entrado en ella. Hasta hoy.
Hoy por fin me he fijado en su nombre. Hoy descubriré su misterio.
Silencio el ruido del carrer Gran queda fuera de esta calle no se oye nada la calle es estrecha ¿qué hay al final? Parecen fábricas todo parecen fábricas pero ¿por dónde se entra? ¿y esos coches? ¿habrá ratas debajo? ¿me atacarán cuando me acerque? Tengo que seguir el suelo está mojado pero no ha llovido ¿cómo? Qué estrecha es la calle casi puedo tocar con mis brazos las paredes una es de ladrillo es el lateral de un edificio ¿una fábrica? No recuerdo me parece que es un edificio pero por este lado no tiene ventanas la otra es de metal ¿cómo se llama ese material que parece metal y que no lo es? Parece prefabricado arriba es ladrillo otro edificio y tampoco tiene ventanas ahora si que ya no se oye nada de lo que pasa en la otra calle ¡qué silencio! ¿pero hay puertas? Hay varios coches aparcados todo furgonetas debe haber entrada en algún sitio pero no las veo ¡ahora! La calle acaba en una redonda donde estan aparcados los coches y pueden dar la vuelta y justo a cada lado hay sendas puertas pequeñas esas no son puertas para entrar mercancías grandes son demasiado pequeñas ¿me acerco? No voy a entrar en la circunferencia no voy a entrar no hace falta que entre ya he hecho lo que quería he visto la calle ¿no? Pues entonces ya he cumplido voy a dar media vuelta venga vamos vuelvo a ver al fondo la calle principal las luces pero no oigo el ruido ese ruido asqueroso y agobiante que llena mis oidos de grasa de aceite de motor esa calle llena de gente y esta completamente vacía ¿por qué la gente no entra en esta calle? ¿la ausencia de comercios? ¿de entradas a viviendas? ¿sólo porque no hay estas cosas es motivo para que nadie entre? ¿nadie tiene mi curiosidad por esta calle maldita? Hay una maldición sí seguro este silencio no es normal es sobrenatural espectral y la luz ¿de donde viene la luz? No hay farolas y hay luz ¡no! Hay focos que cuelgan de las fachadas llenos de cables me estaba volviendo loco por momentos o quizás ya lo estoy no lo sé doy pasos pero no parece que me acerque al carrer gran ¿cómo puede ser? Cada vez noto más las piedras grabadas en el pavimento y las paredes más cerca cada vez más cerca me agobian me ahogan necesito aire se cierran delante mío ¿no hay ratas? No hay ratas pero hay paredes que te tragan necesito salir acelero el paso la pared de metal la pared de piedra ¿por qué son diferentes? Seguro que desde fuera los edificios son idénticos y sin embargo aquí sus laterales son completamente diferentes parece que tengan personalidad vida propia ¿me estarán observando? ¿estarán jugando conmigo? ¿habrán hecho una puesta? ¿cuál me gusta más? ¿cuál me aterroriza más? No hay mierda en el suelo curioso el carrer gran está lleno de mierda de excrementos de perro de aceite y suciedad de chicles pegados en el suelo y sin embargo en esta calle nadie pasea perros nadie masca chicle ¿acaso nunca nadie pasa por aquí? ¿esos coches llevarán siglos aquí? No me he fijado en las matrículas, podría girar la cabeza y mirarlas pero no sé por qué no puedo girarla da igual qué más da las matrículas qué más da todo sólo quiero salir de aquí y esas paredes me lo impiden se cierran delante mío miro hacia arriba y tapan el cielo oscuro ¿cada vez hay menos luz o me lo parece a mí? Parece que vaya a llover sólo aquí mientras la gente pasea en la calle de delante pero no la veo no veo a nadie sólo paredes oscuras de metal y de ladrillo ¿o es piedra? Me fascinan las paredes tan cerca creo que ahora podría tocarlas con las yemas de mis dedos pero no lo hago tengo miedo de poder tocarlas sabría que la calle se ha encogido y no quiero saber solo quiero salir parece que me acerco un poco quizás haya un hueco y pueda salir sí el hueco me deja ver un coche cruzar pero ninguna persona bueno al menos un coche ya no son sólo paredes otro coche y ahora una persona un hombre que mira hacia delante ya es raro porque en esa calle nadie mira hacia delante nadie mira hacia ningún lado son zombies caminando a la deriva quizás se esté mejor aquí dentro que allí fuera al fin y al cabo la compañía de las paredes a veces es mucho mejor que el de las personas de pequeño me quedaba muchas veces entre mis cuatro paredes y pensaba que una cárcel no podía ser tan mala estás protegido del exterior y se supone que es para proteger al exterior de tí qué curioso pero ya estoy saliendo me entran ganas de dar media vuelta y volver a entrar a mirar la matrícula de aquellos coches a observar las dos puertas minúsculas por las que nunca debe salir ni entrar gente pero ya estoy de vuelta al carrer Gran un último paso.

Ahora ya puedo decir que he visto esta calle de mi barrio, la única que conscientemente nunca había visto desde dentro, y no tengo muy claro si realmente he entrado o si me habré quedado dormido de pie, frente a ella. Lo que estoy seguro es que, despierto o dormido, no he visto ninguna rata, hoy no.

dimecres, 8 de febrer de 2012

La gran nevada

Alberto se puso la ropa de abrigo. La televisión lo había dejado muy claro: "Se esperan fuertes nevadas en cota cero, las temperaturas más bajas de lo que llevamos de siglo. Las autoridades recomiendan a la población no salir de casa ni para pasear al perro". Como suele suceder en estos casos, la recomendación de las autoridades fue considerada por la población como una provocación a hacer justamente lo contrario, así que todo el mundo salió a ver nevar. Nadie se quería perder la oportunidad de participar de aquel momento histórico; "sí, yo estuve en medio de la gran tormenta de nieve del 2012", podrían decir, y acompañar la frase de unas fotos, demostración irrefutable para hijos, nietos o biznietos.
Alberto salió a la calle, aguantando la cámara fotográfica torpemente, por culpa de los guantes de grosor considerable. Hacía sol, pero no podía durar mucho, todos los mapas de predicción meteorológica apuntaban a una gran precipitación de nieve al nivel del mar. Mientras Alberto paseaba por la ciudad, mirando hacia aquel cielo despejado, a punto estuvo de tropezarse con otros transeuntes vestidos como esquimales, pero que en vez de arpón para cazar leones marinos, iban armados de canons y nikons de objetivos de gran alcance. Estos también miraban hacia el cielo, algunos con la duda dibujada en sus caras.

Pasaron las horas, y sí, hacía más frío, mucho más frío, en eso habían acertado los partes meteorológicos. Pero de nieve, lo que se dice nieve, ni un puñetero copo. Alberto volvió a su casa ya de noche, con la cámara enfundada, fría como el ambiente. Ni un solo disparo en todo el día, ni una sola imagen a inmortalizar. La alerta roja había pasado, pero no se descartaba que en los próximos días volviera a nevar. Porque la nieve nos había visitado, pero de una forma completamente desigual a lo largo y ancho de todo el territorio. Alberto no podía soportar más, se fue a la cama sin cenar, tan triste que no tardó en dormirse. Durmió tanto tiempo, que cuando se despertó ya había desaparecido el rastro de la nieve que copiosa y silenciosamente había caido durante toda la noche.

divendres, 27 de gener de 2012

Algo artificial

Hora del almuerzo en una empresa cualquiera de Barcelona, un día cualquiera de trabajo.

Mientras comía, Iván no levantaba la vista de su fiambrera, al tiempo que trataba de enrollar sus blancos espaguetis en el tenedor. A menudo tenía que aguantar los comentarios que sus compañeros de mesa le lanzaban en referencia a sus platos de pasta, siempre blancos, sin ninguna salsa que disimulara el aburrimiento de su fiambrera. Sin embargo, Iván no era un chico aburrido, siempre era de los más participativos de la mesa a la hora de comentar cualquier tipo de noticia. Pero ese día algo la sucedía. Sus compañeros tardaron en apreciarlo, hasta que finalmente Pepe se dio cuenta que la persona situada a su izquierda no había abierto la boca más que para comer. Cuando se giró y vio que se trataba de Iván, no dudó en comentarlo a viva voz.
- Pero Iván, ¿qué narices te pasa hoy?, ¿te encuentras bien?
- Debe estar enamorado – contestó Álvarez, quien siempre respondía a las preguntas ajenas.
- ¿Por qué lo dices?, no me pasa nada.
- Hombre, no es normal que en todo este rato no hayas dicho ni una sola palabra. Algo te ha de pasar – insistió Pepe.

Pero Iván no contestó, lanzó una media sonrisa forzada y volvió a centrar la mirada en su fiambrera casi vacía de espaguetis blancos e insulsos. Con este gesto los demás compañeros comprendieron que no iban a sacarle más información, por lo que volvieron a centrarse en los cotilleos de la empresa.

Media hora más tarde, cuando volvían del café, Iván se acercó a Pepe.
- Oye, ¿tú tienes de jefa a Sandra?
- ¿Sandra López?
- Sí, esa
- Bueno, no es jefa directa mía, pero está en mi departamento. ¿Por qué?
- No, por nada.
- Ehhh, ya veo que ese meneo de caderas no ha pasado desapercibido para tí, ¿verdad?
- Jajaja, la verdad es que no, está muy bien.
- Pues si supieras la edad que tiene....
- ¿Qué dices?, si parece joven.
- Bueno, realmente no sé su edad, pero se dice que supera los cuarenta.
- ¡Venga ya!
- ¡Te lo juro!, eso dicen.
- ¿Y tiene pareja?
- Nadie lo ha visto, algunos dicen que en realidad es una mantis religiosa y que cada vez que se tira a un tío se lo come.
- ¡Que cabrona es la gente!
- Y que lo digas, pero.... - Pepe hizo una pausa
- ¿Qué? - insistió Iván
- Mira, si alguien puede ser un alien o un monstruo disfrazado de ser humano en esta empresa, esa es ella.
- ¿Por qué lo dices eso? - Iván se sintió molesto con esa afirmación, aunque también curioso.
- ¿No te has fijado en su forma de hablar?, ese seseo tan pronunciado.
- Bueno, es muy pija, ¿no?
- ¿Y que cuando camina mueve las caderas de tal manera que parece que se le vayan salir de sitio?
- Sí, en eso tienes razón...
- ¿Y te has fijado en como gira el cuello para dirigirse a la gente que hay a su lado?
- ¿Qué pasa con su giro de cuello?
- Que no es normal. Otra persona se habría roto las cervicales intentando girar el cuello de una forma tan brusca como ella lo hace. Es algo artificial.
- Bah, eso es porque la miras como jefa.
- ¡Y tú también, por eso te da morbo! - se defendió Pepe.
- ¡Mira que eres idiota!

Y entre risas y comentarios vulgares ambos compañeros regresaron a su trabajo.

Las casualidades hicieron que al día siguiente, Iván recibiera una visita por sorpresa. Mientras él estaba concentrado en su pantalla de ordenador, alguien se le acercó por detrás.

- ¿Iván Casssado?

Iván se giró completamente sorprendido, no se podía creer que ella estuviera allí, preguntando por él.

- Sí, soy yo.
- Me llamo Sssandra López, y sssoy una de lasss project leader del departamento que trabaja para Finanzasss. Te venía a ver porque desssde recursssosss humanosss nosss han informado que ahora misssmo essstásss bassstante flojo de faena, y queríamosss contar contigo a un cincuenta por ciento. Pero antesss necesssito hacerte una entrevisssta. Acompáñame.

Lo guió hasta un despacho vacío, con aquel movimiento de caderas tan exagerado, al estilo Marilyn, que hipnotizaba a Iván. Tan embelesado estaba que no apreció el gesto con el que ella, nada más entrar en la sala, giraba la varilla para cerrar la persiana. Tampoco se dio cuenta que ella en ningún momento encendía la luz, el despacho se mantenía en una ligera oscuridad. Mientras Sandra López invitaba a Iván a tomar asiento, ella se quedaba de pie, frente a él, ambos separados por una mesa redonda ocupada por un teléfono y un sistema de conferencia. La jefa rompió el silencio.

- Como puedesss obssservar, essstamosss muy interesadosss en contar con tu experiencia para nuessstro proyecto. Creemosss que puedesss aportarnosss mucho.
- Gracias – alcanzó él a contestar.
- Aunque también creo adivinar que tú essstaríasss muy interesssado en trabajar conmigo, ¿verdad?

Iván no supo como interpretar esas palabras, así que las pasó por alto.
- ¿Y en qué consistiría mi trabajo exactamente?
- Bueno, digamosss que ssse trata de algo experimental, innovador. - mientras decía estas palabras, Sandra rodeaba la mesa, acercándose poco a poco a Iván.
- ¿Una nueva tecnología?, interesante. ¿Cuándo empezaría?
- Ahora misssmo – Sandra ya estaba detrás suyo, y en ese preciso momento clavaba la aguja de una jeringuilla detrás de la oreja izquierda del pobre Iván.

Cuando el joven despertó, se encontró sobre una gran mesa de operaciones, rodeado de diferentes seres, parecían robots, todos con la cara de Sandra López, pero de cuello para abajo metálicos todos ellos. Vio como algunos de aquellos seres se movían meneando las caderas con aquel movimiento que a él tanto le fascinaba, mientras un par de ellos se encontraban detrás de su cabeza, realizando algun tipo de operación en el interior de su masa encefálica.

- Alégrate humano, en breve ssserásss uno de losss nuessstrosss, un ssser sssuperior, capaz de trabajar sssin dessscanssso lasss veinticuatro horasss; pertenecerásss a la nueva raza de sssuperprofesssionalesss, preparada para heredar la tierra y sssussstituir a la corrompida raza humana. Uno a uno, osss iremosss convirtiendo a todosss en máquinasss perfectasss de trabajar; no gozarásss, pero tampoco sssufrirásss, ni te harásss preguntasss sssobre el sssentido de tu exissstencia, únicamente bussscarásss la ressspuesssta a la manera de cómo ssser másss productivo y ssservicial.

Iván no escuchó nada más, su cuerpo no pudo resistir y se desmayó. Cuando despertó se encontraba en su puesto de trabajo, delante de la pantalla de su ordenador. ¿Se había dormido?, la pantalla mostraba el mismo texto que antes de que comenzara a soñar. Alguien se acercó por detrás.

- Hola Pepe – dijo Iván
- ¿Te vienes a hacer un café?
- No puedo, tengo mucho trabajo, hoy voy a quedarme aquí hasssta muy tarde.
- ¿Pero tú de qué vas?
- ¿Eh? - Iván no sabía a qué se refería su amigo
- ¿Me dices que no tienes tiempo después de haber estado a solas con Sandra López en su despacho a oscuras? ¿Y qué habéis hecho durante los cinco minutos que habéis estado ahí dentro?

Iván no sabía que decir, no entendía nada. Antes de marcharse, Pepe le hizo otro comentario.

- Por cierto, vete al médico a que te mire ese bulto que te ha salido en la cabeza.

Pero Iván ya no escuchaba, sólo pensaba en trabajar, trabajar, trabajar, trabajar, trabajar, trabajar,...

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