diumenge, 27 de març de 2011

Mejor es posible (por Miguel Emele)

Hace años, cuando tenía más pelo, trabajaba en una tienda tipo bazar, en la que vendíamos infinidad de artículos para el hogar. Recuerdo que, a pesar de tener las estanterías bien surtidas, de vez en cuando llegaba algún camión con un par de palets de género nuevo.

Los productos grandes se conservaban en sus cajas y se exponía uno de muestra con el precio, pero los artículos más pequeños y de mayor rotación acostumbrábamos a exponerlos todos. Una vez extraídos de sus cajas y marcados con su precio de venta, llegaba el momento de acomodarlos en las estanterías junto a otros productos similares.

Los huecos disponibles se llenaban rápidamente con la nueva mercancía. Compactando los artículos que antes estaban más holgados, para que la balda no pareciera demasiado despoblada a la vista, siempre se conseguía colocar todo muy presentable. Sin embargo, a menudo, se daba el caso de tener que poner género nuevo en algún estante que aún no estaba demasiado vacío. Es entonces cuando en mi mente aparecía la palabra imposible.

—Pero... ¿cómo se les ha ocurrido comprar más vasos de estos si aún hay un montón? ¿Dónde vamos a poner estos relojes de cocina si no hay sitio para ellos? ¡Pero si aquí no cabe ni lo que ya hay!, ¿cómo voy a meter estos cuatro floreros descomunales?

Con un poco de esfuerzo, algunas situaciones se solucionaban con algo de inventiva e imaginación; pero otras, después de varios minutos colocando y recolocando, acababan produciéndome cierta frustración. Imposible, me ratificaba.

Cuando por fin pasaba la jefa y me preguntaba cómo iba todo yo le hacía notar que no había sitio suficiente para exponerlo todo. Su respuesta ya me la conocía: "ha de caber porque esto en el almacén no se vende". Y tenía razón... pero es que no había dónde colocarlo. Entonces ella se miraba toda la pared con un cierto distanciamiento y, tras unos segundos de meditación, me daba instrucciones para reorganizarlo todo desde dos o tres metros a la izquierda hasta donde yo estaba trabajando en aquel momento.

—Esta fila de vasos es idéntica a la de al lado. Por lo tanto, se pueden poner unos encima de otros. Esto pásalo a la estantería de al lado junto con aquello otro y bla, bla, bla.

Así, tras invertir una buena cantidad de tiempo, todo el género quedaba perfectamente expuesto cuando unas horas antes era prácticamente... imposible.

Aún tuve que encontrarme varias veces en situaciones parecidas hasta que un día, ante aquel pensamiento de imposibilidad, me dije a mí mismo: "siempre pienso que colocar toda la mercancía nueva es imposible y luego acaba siendo posible, así que ya es hora de empezar a pensar que es posible y concentrarme directamente en cómo conseguirlo". Así que cada vez que tenía un pensamiento como "esto es imposible" lo cambiaba por otro como "es posible, hay que encontrar la manera". ¡Y la encontraba!

Por todo esto, si alguien ahora me pregunta: "¿Es posible un mundo mejor?", yo le contestaré sin dudarlo: "Por supuesto. Sólo hay que pensar mejor."

dimecres, 23 de març de 2011

Un mundo mejor (6) Por Miguel Cuervo

- Abuelo, ¿qué es morirse?
- Hija, qué cosas tienes.
- Es que me ha dicho mamá que te vas a morir pronto.

El abuelo dejó por un instante de arrancar hierbajos de la pradera. Miró fijamente a su mano arrugada y morena, como buscando un punto fijo en el que apoyar el súbito mareo que amenazaba con derrumbarlo sobre el verde agostado.

- Pero tú no te vas a ir de aquí, ¿verdad, abuelo?
- No, hija, no, qué cosas tienes.

Se incorporó lentamente y observó con visión borrosa los dos ojos negros que se clavaban inquisitivamente en los suyos.

- Entonces, ¿por qué dice mamá que te vas a ir? Yo no quiero que te vayas, abuelito.
- Y no me voy a ir, ¿dónde voy a ir yo que más me den?
- ¿De verdad?
- De verdad, hija, así me muera ahora mismo.

La nebulosa de la vista se había difuminado casi por completo y el abuelo rió su propia gracia estentóreamente. La niña retrocedió entre sorprendida y asustada por el arranque del viejo, que tiró el manojo de malas hierbas al suelo y avanzó hacia la niña para estrecharla contra su barriga. Se mantuvieron un rato así, hasta que el viejo dejó de reírse.

- Abuelito, ¿por qué te quieres morir?

El abuelo mantenía acariciaba la cabeza de la niña pero no contestó. Apretó a la niña un poco más contra su cuerpo, pero ella se escabulló con un brusco movimiento y saltó hacia atrás riendo alegre.

- ¡Me escapé, me escapé!

Y echó a correr por la pradera, pero el abuelo siguió estático y se cubrió con una mano la cara para esconderle las lágrimas a la niña. Y pensó en la muerte cercana, en el tiempo pasado, en los amores lejanos y en los amigos perdidos, y se lamentó amargamente por haber sido como fue y por no tener tiempo de reparar nada de lo que ya estaba hecho. Se limpió las lágrimas y llamó a su nieta, y deseó para ella una vida distinta.

Miguel Angel Cuervo

dilluns, 21 de març de 2011

¿Un mundo mejor? (5) (Té la mà...)

Amb Vicent Ferrer l'Església catòlica va fer un bon treball. Sembraren en ell la pietat, l'esperit de lliurament als desemparats de la Terra i, sobretot, l’omple de coherència. Per això no és estrany que el món plori la desaparició d'aquest barceloní. Ja sabem que quan algú ens deixa tot són bones paraules. Després es lliura un premi a títol pòstum i donen un parell d'abraçades a la família.

Ara la gent li diu sant. Parlar de la santedat de Ferrer és un insult als seus èxits i a ell li produiria espant, perquè va conrear la senzillesa. La jerarquia catòlica no ha tirat la casa per la finestra ni s'ha desfet en elogis cap a l'ex jesuïta que va penjar l'uniforme per col·locar en primera línia d'aquesta trinxera pertinaç que és la misèria humana. Normal: mai va ser un dels seus, perquè militar com un soldat de les ensenyances divines jugant-se la pell només entra als plans dels privilegiats.

Grinyola comprovar com bisbes, cardenals i la resta de gent del cor apliquen la seva forma d'entendre la fe cristiana. A Espanya Vicent Ferrer s'hagués sentit avergonyit al topar-se amb Martínez Camino o el cardenal Rouco Varela submergits a la política del dia sí i dia també, interferint en els assumptes privats. El cooperant espanyol i la Conferència Episcopal es poden resumir en dues sentències senzilles a l'hora d'entendre la intervenció en la vida dels altres: si em necessites, aquí estic; si et faig nosa, aguantat perquè no deixaré de donar la barrila. Respectivament, és clar.

Ara que Ferrer ja no hi és, la seva figura es fa mes gran, empetitida dels fastos i les “parafernàlies” vàcues que mostren els dirigents de la que fou la seva Església.

Milions de persones no l’oblidaran i, a l'empara de la seva desaparició física, el seu esperit s'expandirà pel planeta, fent que la Fundació que porta el seu nom continuï creixent i ajudant a qui la injustícia ha convertit en víctimes. La seva esposa Anna agafarà el pesat testimoni, i darrere d'ella caminaran altres, demostrant que la voluntat mou muntanyes i que la mitra només és capaç de moure la llengua als despatxos.

divendres, 18 de març de 2011

Un mundo mejor (4) (Por LiNo)

Vivo en Navarrete. Camino de Santiago.
Rodeada de viñedos y huertas que me regalan una amplia gama de colores y aromas.
Ideal para una persona como yo, amante de la meditación; de caminar escuchando como mi respiración inyecta vida al resto del cuerpo.
Acabo de ver una película infantil, antes de salir al camino de la mora, y no para de sonar en mi cabeza la melodía..."...un mundo ideal...".
Alejado el término ideal de mejor, me da pie a pensar en el propósito, tantas veces acariciado de "un mundo mejor".
Lo primero que me viene a la cabeza, mientras paro y siento el viento que me acaricia el cuerpo es: "mejor... para quien?". Quizá no sea un pensamiento mío. Quizá me lo ha preguntado la cigüeña que sobrevuela los campos, la tierra. Bailando con el aire, meciéndose en su trayecto por encima de animales terrestres. Por encima de mí.
Sigo caminando, disfrutando el momento como cuando niña. El presente. El ahora.

Entonces me aborda otra cuestión. Por qué nos enseñaron aquello de "... y vivieron felices para siempre". La vida de los adultos nunca es completamente feliz. No hay una "puerta" que traspasar y pronunciar la bendita frase. Las metas, los retos, los contratiempos, las superaciones y los altibajos son parte de nuestra vida. Del día a día. Tan natural como nosotros mismos.
Sin embargo en la sociedad en la que vivo nos hacemos mayores de espaldas a todo aquello que es tan real que el no verlo lo engrandece.
No miramos a los ojos a los contratiempos. La tristeza. La soledad. La muerte (lo único que tenemos seguro). No somos capaces de mirarnos a los ojos a nosotros mismos. Si quiera entonces, somos honestos: Cómo es posible que nos pasemos la vida necesitando de los demás sin sentir (conscientemente) nuestra propia compañía?.
He aprendido a medirme. A escucharme. A quererme. A perdonarme. A superarme... y sin embargo me queda tanto por hacer...
Sólo puedo mejorar mi mundo. El interior. El que me ha tocado vivir. El que vivo. Mi día a día. "Piensa globlamente, actúa localmente".
Como esos espectáculos de fichas de dominó, alineadas, donde lo que le ocurre a una es básico para la estabilidad del resto... y si caen? tenemos otro dibujo. Otro panorama. Peor? Mejor?. Otro. Donde poner de manifiesto la resiliencia del ser humano. Pero aprendiendo. De verdad. Para avanzar.
Me pasma ver lo grandes que podemos ser a nivel individual y lo mediocres como conjunto. Sin embargo, cuando la vida nos recuerda lo ínfimos que somos, entonces reaccionamos como sociedad. Por qué necesitamos estar al límite de todo para interiorizar la información y así dejar salir todo aquello que potencialmente llevamos dentro?.
Debo ser realista. Soy cómplice de mi mundo. Porque vivo en él. Por mi silencio, por mi desconocimiento, por mi falta de tiempo... y a la vez (imposible pero cierto) me siento víctima del silencio, del desconocimiento, de la falta de tiempo de los demás.
Asumo que no existe un "ellos y nosotros", "el resto y yo", "la gente y MI PERSONA".
Como animal social convivo en sociedad. Luego formo parte activa de ella. Para mi bien y para mi mal. Para el bien y el mal de los demás. En la pirámide del poder, estoy en algún escalón. Con otros.

Cómplice del pasado y cómplice del futuro. De mis abuelos y de mis hijos.

En estas frases generalizadas he conseguido el aplauso de muchas personas que tuvieron a bien compartir parte de su tiempo en escucharme cuando profesionalmente trataba la Economía Social y el Desarrollo Sostenible.
Tanto a nivel personal como en un plano teórico tengo claro que es cuando aterrizamos los planteamientos, cuando aparecen las discrepancias. Cuando, igual obedeciendo al instinto de superviviencia y por tanto al egoísmo, tiramos cada uno de un lado de la manta.
Por eso tenemos todos la razón. Por eso no la tiene nadie. No hemos aprendido a escuchar. No hemos aprendido a expresarnos correctamente. No hemos aprendido a saber quien somos. Qué sentimos: Por qué nos comportamos de determinada manera?. Qué es realmente la Comprensión, la Aceptación?.

Huir hacia delante requiere mucha energía. Y al fin y al cabo eso creo que somos. Cuando la empleamos en una cosa, no la empleamos en otra. Energía.
Pero a día de hoy, desbocada...

 (Por LiNo )

dimarts, 15 de març de 2011

Sueños de un mundo mejor (3) (Escrito por Wambas)

¿Qué quieres que te regale para tu cumpleaños? - ella me preguntó
Y yo no supe qué contestar. Tengo todo lo que necesito, pensé, y en un acto reflejo mi boca respondió por mí.
Un mundo mejor – dijo
Ojalá te pudiera regalar eso – argumentó ella, esbozando una sonrisa lacónica.
Esa noche me costó mucho dormirme, pensando lo agradable que sería la vida si el mundo fuera mejor.
Pero durante la madrugada algo cambió pues, al levantarme, las cosas habían cambiado.
El cambio se hizo evidente al poner las noticias en la televisión. El periodista habitual no hablaba de las noticias trágicas de siempre, todo lo contrario; el hombre daba consejos a la audiencia de cómo aprovechar mejor ese día:
- Saca media hora de tu tiempo para hacer un poco de deporte, hoy hace un día fantástico para correr un poco.
- Hoy en los mercados podrás encontrar verduras y pescados a mejor precio. Sin embargo la carne ha subido. Por lo tanto aprovecha para hacerte una buena ensalada acompañada de un buen pescado a la plancha de segundo. No olvides comprar fruta, las fresas esta semana están deliciosas y a buen precio.
- No olvides que esta noche es la fiesta de San Agapito, te aconsejamos que busques en nuestra web las localidades donde se celebra y te animes a disfrutarla.
Esta forma de enfocar las noticias me pareció muy sorprendente, ¿dónde habían dejado las noticias pesimistas y tristes del día a día? ¿qué había sido de la guerra civil de aquel pais africano? ¿y del brote de racismo que había llevado a enfretamientos en aquel barrio de París? Para bien o para mal, el noticiario las había ignorado.
Salí a la calle y allí me llevé la segunda sorpresa, y alguna más. Para empezar, nada más salir a la calle, comenzaron a saludarme todos los vecinos del barrio con los que me iba encontrando. Gente que conocía de vista pero que nunca cruzaba una palabra conmigo, me daba los buenos días como si fuéramos verdaderos conocidos. La verdad es que realmente nos conocíamos, de vista. Para mí fue una agradable sorpresa ese comportamiento. Siempre he pensado que darse los buenos días es una buena forma de comenzar el día, es un deseo de optimismo que puede ayudar a cargar las pilas de energía positiva.
Continué circulando sin poder dejar de observar detalles nuevos para mí. En plena calle, una mujer de rasgos asiáticos de un todo a cien observaba alegremente como su niño, de unos tres años, jugaba en los brazos de la dueña de la peluquería de al lado. Me quedé tan emocionado con esa imagen de convivencia que un poco más y atropello con mi bicicleta a un peatón que estaba cruzando ese momento el carril bici, también despistado.
- Perdona, no te había visto.
- Tranquilo, también es culpa mía.
Ambos mostramos una sonrisa de disculpa y seguimos nuestro camino. Un ejemplo de respeto entre personas; todos nos equivocamos y saber reconocer los errores no ha de ser un esfuerzo para nosotros.
Pero aquí no acababa todo. Al llegar a cualquier semáforo, todo el mundo los respetaba, ninguna moto se adelantaba, ningún peatón o bicicleta se lo saltaba, y finalmente, ningún coche aceleraba para saltárselo en el último momento. El tráfico era respetado y circulaba en armonía, de forma ordenada. Otra vez reflexioné, esta vez sobre la cantidad de vidas rotas que se podrían evitar si la gente fuese consciente en todo momento de la responsabilidad que conlleva conducir un vehículo.
Y al llegar al aparcamiento de bicicletas, me di cuenta que ninguna de las bicicletas vecinas tenía puesto candado alguno. Era sorprendente, yo no sabía que hacer....
Esa disyuntiva entre si poner candado o no a la bicicleta me despertó. Todo era un sueño, un agradable sueño que al desvanecerse te deja una sensación agridulce de vuelta a la realidad. Sería tan fácil comenzar a hacer un mundo mejor, sin necesidad de grandes medidas; sólo depende de nosotros, de entender qué somos, aceptarnos y a partir de ahí comportarnos con la humildad que debería tener todo aquel que sabe que no es eterno y que debe esforzarse por construir un mundo mejor para todos, no sólo para uno mismo.

(Wambas)

diumenge, 13 de març de 2011

Un mundo mejor (2) (Escrito por Bulnes)

Rodrigo llevaba varias horas caminando bajo el sol otoñal de Asturias. Se había tomado el día libre en el trabajo porque necesitaba pensar. De un tiempo a esta parte parecía que le venían golpes de todos lados. Estaba perdiendo la fe en todo, en la verdad, en las personas, en la justicia, en la paz… ¿había algo realmente por lo que mereciera la pena vivir y morir? En ocasiones echaba de menos los días de su infancia, no porque entonces tuviera menos problemas, ni porque sus padres lo protegieran de cualquier amenaza real o imaginaria. Echaba de menos aquella convicción de que el mundo era bueno, su convencimiento en que la bondad siempre triunfaba y que la maldad llevaba en ella misma su destrucción. Ahora, sin embargo, estaba temiendo convertirse en un cínico. Cada vez le costaba más ser fiel a sus ideales y convicciones. Cada vez tenía menos fe en el mundo y, por mucho que pensaba sobre ello, no veía que podía hacer para mejorarlo. Se sentó unos minutos en una piedra al lado del camino. Iba caminando en dirección a Bueño, donde sus abuelos tenían una casa y seguía para ello el camino de Santiago. Desde su Ribadesella natal hasta la casa de sus abuelos sólo había unos veinte kilómetros, muchas veces había ido caminando a visitarlos, aprovechaba no sólo para hacer un poco de ejercicio, sino para meditar sobre el rumbo que iba tomando su vida. Pero pocas veces había estado tan desmoralizado como ese día.
Tan absorto estaba en sus pensamientos que no advirtió que un peregrino se acercaba y se paraba a su lado. No fue hasta que el hombre le saludó que se dio cuenta de que había dejado de estar solo. No era hoy un día en el que le apeteciera charlar con desconocidos, pero se impuso la educación.

-Buenos días-le dijo el desconocido.-Supongo que no es un peregrino, le delata la ausencia de la mochila.
-No, no lo soy. Vivo en esta zona, simplemente estaba paseando, quería estar sólo, pensar sobre…

Las palabras murieron en su boca. No estaba seguro de querer hablar con un extraño sobre sus problemas personales. Aunque bien mirado, tal vez no sería una mala opción. Al fin y al cabo no le volvería a ver, no tenía que preocuparse por contar demasiado a una persona que desaparecería de su vida en un par de horas, a lo sumo.

-Venía meditando sobre el mundo tan desastroso en el que nos ha tocado vivir.
-Supongo que cuando habla de un mundo desastroso, se refiere a lo que nosotros estamos haciendo con un mundo que podría ser maravilloso.

Rodrigo miró al peregrino de reojo. Sus palabras le recordaron a aquellos hippies de los sesenta que pregonaron que había que hacer el amor y no la guerra, pero que no tardaron en subirse años más tarde al tren del capitalismo. Pero este hombre tenía aspecto de ser una persona despierta. Algo le decía que tenía la cabeza bien amueblada.

-Mire señor -respondió Rodrigo -no sé si el mundo es un desastre o nosotros lo hemos convertido en un desastre. La realidad es que cada vez nos hundimos más. Hablando en términos generales, están las terribles desigualdades entre los países ricos y pobres. El robo que estos últimos sufren de manos de los primeros. El mercantilismo que gobierna todas nuestras acciones, y que provoca que no se hagan las cosas porque sean buenas o necesarias, sino solamente por beneficio que se pueda sacar de ellas. A un nivel más cercano está la competitividad, la falta de principios éticos que gobiernan nuestras acciones. Ahora todo vale, si para ascender en la empresa hay que vender a un amigo, se hace. Si te atrae la esposa de tu amigo, se va a por ella. Si hay que mentir para conseguir algo, nadie duda. Si para irse de vacaciones y aparentar hay que forzar a unos pobres padres a que colaboren con parte de sus ahorros, se hace. ¿Queda algo que merezca la pena en este mundo? Me gustaría volver a ser un niño, así al menos podría confiar en que un día aparecería un hada que me concedería un deseo. No lo dudaría ni un momento, pediría un mundo mejor. ¡Como desearía poder hacer algo para mejorar el mundo y dejar así de sentir esta terrible desolación que me embarga cuando veo que no son los mejores los que triunfan, sino los más indiferentes a las necesidades de los que los rodean, los más despreciables, los más carroñeros!

El peregrino sonrió. –Muchos desean cambiar el mundo. Pocos se dan cuenta de que lo más necesario, más aún, lo único que pueden hacer, es cambiarse a ellos mismos. Deje de pensar que el mundo va mal porque actúa una fuerza maligna sobre él. O que si está así es debido al comportamiento de los demás. Si el mundo es como es se debe sólo a una cosa: la situación actual es la consecuencia de los actos de todos y cada uno de nosotros. ¿Sabe que si todos los habitantes de la Tierra vivieran como los europeos sólo podrían vivir en el planeta unos 2.000 millones de personas? Somos casi 8.000 millones. Las cuentas son claras, si queremos una vida digna para todos, los habitantes del primer mundo han de bajar drásticamente su nivel de vida ¿usted estaría dispuesto?

“Por supuesto” estuvo a punto de decir Rodrigo, sin embargo las palabras no llegaron a pronunciarse. ¿Realmente haría algo así? Tal vez sí, si todos los demás lo hacían. Sin embargo, no estaba tan seguro de ser capaz de ello si el resto las personas no lo hacían. No quería seguir con esa sensación de estar haciendo siempre el primo. ¿De qué serviría que él renunciara a su nivel de vida si todos los que le rodeaban no lo hacían? Se lo explicó al peregrino.

-Entiendo lo que dice-dijo aquel.-Sin embargo no le corresponde a usted decidir lo que va a hacer su vecino, su campo de acción se restringe a sus propias acciones. Se lo repito, no puede cambiar el mundo, sólo puede cambiarse a usted mismo. Atrévase a actuar según sus convicciones y encuentre en ello su recompensa.
-¿Me dice que sea un primo? ¿Qué deje que los demás me tomen el pelo?
-En absoluto, le digo que en sus actos encuentre su recompensa, que trate de ser feliz en cada momento. Que procure…
-Mire usted-le espetó Rodrigo- todo esto que me dice es muy hermoso, pero no son más que palabras. No sabe la cantidad de problemas, puñaladas traperas y traiciones que he tenido que soportar este último año. Me propone simplemente que acepte todo esto, como quien acepta que llueve, que sonría, haga lo que creo que es correcto e intente engañarme pensando que esto es la felicidad.
-No. No pongo en duda que ha pasado por momentos duros…. como todos en un momento u otro de nuestra vida. Pero tenga en cuenta que la felicidad no depende de lo que nos pasa, sino de nuestra actitud ante la vida. Te lo pueden quitar todo menos una cosa: tu capacidad para elegir la actitud con la que te enfrentarás a las adversidades. No estoy fabulando. No tiene más que pensar en la gente a la que ha conocido a lo largo de su vida. Seguro que hay alguien, una persona al menos, quien, sin importar los reveses de la vida, eligió sonreír. Alguien que quiso manifestar al mundo que una enfermedad grave, la pérdida de un ser querido, una traición, no le podía quitar la alegría. Alguien que rehusó desperdiciar su tiempo y energía lamentándose sobre cosas que no podía cambiar y que comprendió que dedicar su vida a intentar devolver mal por mal sólo le dejaba un sabor a ceniza en la boca.

Rodrigo se dio cuenta de que se habían desviado del tema inicial. –Empezamos hablando sobre la manera de mejorar el mundo. Yo creí que diría algo como que habría que terminar con las guerras, o repartir mejor la comida del mundo, o castigar a los corruptos y pelotas que no dudan en vender a un amigo para medrar en el mundo.

El peregrino sonrió.- Ojalá pudiera hacer eso. Nada me gustaría más que tener una varita mágica y poder acabar con las guerras en el mundo. Pero ¿realmente serviría? Imagínese que chascamos los dedos y por arte de magia se esfuman todos los conflictos armados que hay ahora en el mundo. ¿Cree que sería para siempre? Desgraciadamente no ya que lo que los originó, el egoísmo y la maldad que hay en el corazón del hombre, sigue existiendo. Por eso le digo que no hay que ir a generalidades sobre las que nada podemos hacer. Céntrese en el origen: la maldad del hombre. Y no hablo solo de la maldad de Mubarak, por poner un ejemplo de actualidad. Sobre eso usted tampoco puede hacer gran cosa. Mire su corazón. Sea honesto consigo mismo y atrévase a reconocer que usted también colabora en la expansión del mal en el mundo. Cambiese a usted mismo. Mejore su entorno, no se preocupe de si recibe o no el reconocimiento de los que le rodean. Sonría, dese cuenta de que en cualquier circunstancia puede sonreir y hacer que alguien se sienta mejor. Luche contra el pesimismo y la desesperación con todas sus fuerzas. ¡Destiérrelos de su mente! Ayude sin esperar nada a cambio, realmente no lo necesita. De hecho, aquí y ahora, tiene todo lo que necesita para ser feliz. No pierda más el tiempo pensando que el mundo va de mal en peor, ni malgaste energía pensando en soluciones para cambiarlo. Céntrese en usted y en los pocos metros cuadrados que le rodean. Sea feliz e intente que los que le rodean también lo sean. Eso sí lo puede hacer, puede influir, y mucho, en las personas que están a su lado todos los días, muchas de las cuales pasan desapercibidas porque no les presta la más mínima atención. Nadie espera que sea capaz de mejorar el destino de los casi 8.000 millones de personas que pueblan el planeta. Pero sí que pueda ayudar a su primo si su negocio quiebra. O pueda dar, con una sonrisa, los buenos días a la mujer que limpia su oficina todos los días. También puede dar un poco de conversación al vecino del cuarto que está roto por dentro tras haber perdido a la que fue su esposa durante 50 años. Puede pasar la tarde ayudando a sus hijos, si los tiene, a hacer los deberes, aun cuando lo que prefiera es ver un programa deportivo en la televisión. No desperdicie su vida mirando hacia el horizonte y perdiéndose todo lo que pasa a su alrededor.

Rodrigo miró de nuevo a su interlocutor. –Creo que entiendo lo que dice.-Vio que su acompañante se levantaba para continuar el camino.
-Lamento dejarle, pero debería continuar, aún tengo un trecho hasta el siguiente albergue.
-Permítame acompañarle un rato. Al fin y al cabo vamos en la misma dirección. Yo voy a Bueño, que está muy cerca del albergue al que usted se dirige.
-Muy bien. Nada me agradaría más. ¡Venga! ¡Pongámonos en marcha! Amenaza lluvia.

-Probablemente-dijo Rodrigo-eso por aquí es muy común.

(Bulnes)

dissabte, 12 de març de 2011

Imagina ( UN MUNDO MEJOR - 1 )

Imagina que no hay un paraiso
es fácil si lo intentas
no hay infierno debajo nuestro
sobre nosotros, sólo el cielo
Imagina a toda la gente
viviendo hoy
Imagina que no hay países
no es difícil de hacer,
no hay nada por lo que matar o morir
ni religiones tampoco
Imagina a toda la gente
viviendo la vida en paz

debes pensar que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te nos unas
y que el mundo sea uno

Imagina que no hay posesiones
me pregunto si eres capaz de hacerlo,
no necesitar la ambición, ni las ansias
el hombre en hermandad
Imagina a toda la gente
compartiendo todo el mundo

debes pensar que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te nos unas
y que el mundo sea uno

(John Lennon)

dilluns, 7 de març de 2011

Pérdida material

Esta mañana me he dirigido al parking donde guardo coche y bicicletas. Yo, disfrazado de profesional de la bicicleta, con mi casco, mi bidón, el gps recién estrenado y las gafas de sol. Hacía un día impresionante, lleno de sol y luminosidad. La jornada prometía.
Pero cuando he llegado al coche me he encontrado con la sorpresa que alguna vez he vivido en pesadillas: las bicicletas habían desaparecido. Delante del coche no había más que un triste vacío donde habían de estar mi Commençal y su Specialized. De pronto mil euros han desaparecido, así, como si nada. No puedo imaginar la cara de bobo que debo haber puesto en ese momento. Un sentimiento de impotencia me ha llenado, y más al ver tiradas a un par de metros de distancia las cadenas, cortadas por varios sitios.
Al instante he sido consciente de ir vestido con mi indumentaria de ciclista pero sin mi bicicleta, un caballero sin caballo, una imagen quijotesca. Luego he pensado en el malnacido que ha llevado a cabo el hurto, y le he deseado una buena caida de la bicicleta en alguna bajada, a ver si con suerte se rompe la crisma y el robo le sale caro. Esto me ha llevado a pensar en la maldad de la gente, incapaz de respetar lo ajeno, y como ni siquiera algo tan simple como una bicicleta no está a salvo del deseo de los miserables. No es ninguna sopresa; por desgracia lo que me ha pasado hoy es lo cotidiano, en esta Barcelona creo que abunda mucho más la mierda que el oro. ¿Sólo Barcelona?, por supuesto que no, pero que envidia me ha dado comprobar otras ciudades donde la gente podía dejar tranquilamente la bicicleta en la calle sin miedo a que se la robaran. Cada vez me da más asco esta sociedad y siento más pena por nuestro futuro, sencillamente por que éste no existe. Según la wikipedia, Sociedad es el conjunto de individuos que actúan acorde a lograr un desarrollo tecnológico, sociopolítico y económico destinándolo a la subsistencia e interactuando entre sí, cooperativamente, para formar un grupo o una comunidad. No habla de una sociedad donde unos individuos desconfien de los otros, ni de que sólo unos trabajen por el bien del resto, mientras este resto lo único que hace es criticar, destruir o robar. Cuando esto ocurre la sociedad se desmorona y nos convertimos en lobos solitarios, sin ningún vínculo entre sí. Lo peor de todo es que quien ha robado mi bicicleta no ha robado para poder comer, eso lo tengo muy claro, seguramente se ha sentido muy bien consigo mismo cuando ha salido del parking cargado con sus trofeos. Si al menos pudiera estar seguro que mis bicis han dado de comer a algún hambriento, pero ni eso.
Aunque tampoco hay que exagerar, la pérdida de unas bicicletas es una nimiez comparado con las grandes catástrofes que diariamente nos golpean. Si antes de levantarme esta mañana me hubiesen dado a escoger entre que me robaran la bicicleta o romperme la crisma en la carretera y que la bici quedase intacta, ¿qué hubiese escogido?. Quien sabe si el destino me ha dado una opción de sobrevivir a cambio de la pérdida de un bien material. Aunque parezca una idiotez prefiero pensarlo así. Cuando mi orgullo se recupere del golpe, me compraré otra bicicleta (esta vez del Decathlon, con dos ruedas, frenos y una cadena), y me olvidaré de cuando tuve una bicicleta que no pude retener porque era demasiado golosa para los enemigos de lo ajeno.
Por cierto, hoy me han dado una gran noticia: una amiga ha superado un cáncer de ovario. ¡A LA MIERDA LAS BICIS Y LOS MANGANTES!

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