diumenge, 30 de gener de 2011

¡Ojalá pudiera hablar!

Ojalá pudiera hablar.
Esto pensaba Yessica cada vez que pillaba a YERIA observándola en silencio.

“¿Qué me diría, si ella pudiera comunicarse conmigo en mi lenguaje?, daría todo lo que tengo por saberlo”. Pero YERIA seguía observándola con su cara de poker, haciendo de sus pensamientos una incógnita indescifrable.
Ella lo es todo para su mamá. Algunos podrán considerar que la palabra mamá es exagerada en esta situación, pero os puedo asegurar que se adapta mucho mejor a la realidad que la palabra dueña; Yessica no se considera la dueña de nadie, y menos aún de YERIA, que es la reina de la casa y hace todo aquello que le viene en gana. Nunca hubo en el mundo un ser más mimado que ella; Yessica lo sabe, pero no le importa malcriar a su criatura, todo es poco para la niña de sus ojos.
Pero, ¿quienes somos nosotros para juzgar si los cuidados de Yessica son exagerados?, ¿acaso debemos escatimar generosidad con aquellos seres que más queremos?, ¿no sería lo lógico volcarnos en ellos?, pues eso es lo que hace Yessica, volcarse en cuerpo y alma en un ser que la necesita y que ella sabe que nunca le decepcionará.
Esta mañana, Yessica acababa de despertarse cuando entró YERIA en su habitación.
- ¡Buenos días mamá!, quiero que sepas que te quiero mucho y que eres la mejor mamá del mundo.
Yessica ahogó un grito de sorpresa, por poco que no le da un ataque al corazón. Se frotó los ojos y volvió a mirar a YERIA. Esta le seguía mirando pero no decía nada, y Yessica supo al momento que nunca jamás volvería a hablar. Quizás fue una alucinación, pero Yessica siempre pensará que, por un momento, un Dios tan generoso como ella quiso hacer realidad su sueño.

Felicidades YERIA en tu cuarto cumpleaños

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