dimarts, 31 de maig de 2016

Barça - Madrid : La batalla eterna

28 de mayo, once de la noche. Cristiano Ronaldo lanza el penalty, por la izquierda de Oblak. Gol. Como dos años antes, Cristiano se vuelve a quitar la camiseta mientras corre hacia el córner gritando como un loco. No es para menos. Acaba de marcar el penalty que le da al Real Madrid una nueva copa de Europa, ni más ni menos que la Undécima. Él, personalmente, con ese penalty se coloca en una posición de privilegio para ganar un nuevo balón de Oro. Yo, como culé, recibo un duro varapalo, no tan fuerte como el golpe que reciben los colchoneros, pero suficiente como para pasar una mala noche.

Los que no comprendéis esta forma apasionada de vivir el fútbol os preguntaréis, si es que aún estáis leyendo, por qué me afecta tanto la victoria del Madrid (también muchos pensaréis que soy otro imbécil más de estos que solo piensan en fútbol). Sin embargo, los culés y los merengues apasionados por su club me entenderán a la perfección. Tenemos el mismo sentimiento encontrado desde ambos extremos aunque algunos más visceral y otros más cerebral. 
Para comprender esta rivalidad hay que entender que la competición no termina cada mes de junio y empieza de nuevo de cero en septiembre, es un error pensar así. Se trata de una rivalidad que se perpetúa sobre ciclos triunfales, ciclos decepcionantes y a veces, como esta temporada, en la yuxtaposición entre la miel y la hiel. Hoy disfrutas, mañana sufres, pasado mañana vuelves a disfrutar, o a sufrir. La competición dura toda la vida, es una carrera sin final, donde el Madrid lleva una ventaja histórica, el Barça se acerca y de nuevo el Madrid recupera distancia.
Entender la competición como una lucha eterna es primordial para comprender la pasión que divide Barça y Madrid, esta batalla épica que ha llevado a estos dos clubs a ganar la mitad de las copas de Europa de este nuevo siglo. Es la gran guerra civil del siglo XXI, con la fortuna de que en esta guerra no se lucha con armas, si no con trofeos deportivos.
Así que cualquiera que sea capaz de empatizar con mi pasión, sea culé, merengue o de otro equipo, podrá adivinar el dolor que me cruzaba por la entrepierna a eso de la medianoche del pasado sábado, tras ver a Ramos levantando la Orejona.
Han pasado varios días y por fin he podido analizar los hechos con serenidad. Como comenté antes, las victorias y las derrotas, como el ciclo de la vida, van y vienen. Los que hoy lloran mañana reirán y viceversa; bueno, a excepción de los colchoneros, de los que comienzo a dudar que dispongan de sistema nervioso para soportar tanta desgracia. Fuera de estos seres excepcionales, los demás aficionados lloramos o reímos según el momento. Es imposible reír siempre. Pero lo importante es disfrutar más que los demás. Ese es el quid de la cuestión.
Durante veinte años reí poco, muy poco. Hasta el 91 el Barça no me daba demasiados motivos para la dicha. Como en la bolsa, ser del Barça era un valor a la baja que se salvaba de la bancarrota únicamente porque su gran rival era incapaz de culminar su gran momento con una nueva Copa de Europa, esta vez en color. Pasados los años puedo confesar que fue injusto que aquel equipo de la Quinta del Buitre no ganase nunca la Orejona. He de decir, que para mí, la Quinta del Buitre, los Buyo, Gordillo, Chendo, Hierro, Sanchís, Míchel, Martín Vázquez, Schuster, Butragueño y Hugo Sánchez, eran un equipazo, creo que la mejor versión del Madrid de los últimos cuarenta años (los que yo conozco).  
Pero como dije antes, su ciclo acabó, y llegó el del Barça, en 1991. Y a partir de ese momento, con más o menos éxito, el aficionado culé vio como cambiaba la historia. En los últimos veinticinco años el Barça casi dobla en número de títulos al Madrid, aunque a nivel internacional el Madrid haya aguantado el tirón culé. Ambos son los mejores equipos europeos con cinco copas de Europa cada uno, seguidos por el Milan con tres en este mismo periodo. Ambos llevan cuatro orejonas en este nuevo siglo, entre los dos se han llevado la mitad de las dieciséis jugadas.
Si el duelo entre el Barça y el Madrid ya era épico el siglo pasado, en este aún se ha potenciado mucho más no dejando lugar a las dudas: Barça y Madrid son los mejores equipos del siglo XXI a nivel mundial.
Pero a nivel local hay menos color que en las primeras seis copas de Europa del Madrid. Desde que Cruyff se hizo con las riendas del Barça, hace veintiocho años, el Barça ha ganado 14 ligas (9 el Madrid) y 7 copas (4 el Madrid). 
Pero no solo de títulos vive el culé, durante todos estos años hemos disfrutado de las mejores versiones de los mejores jugadores del mundo: el mejor Laudrup, el mejor Romario, el mejor Ronaldo, el mejor Rivaldo, el mejor Ronaldinho y el mejor Messi. Sin olvidar a la mayoría de los mejores jugadores de la historia de la selección española: Puyol, Piqué, Busquets, Iniesta y Xavi.
Todos ellos y unos cuantos más han hecho disfrutar a los culés en estos últimos treinta años como ningún otro club puede presumir. Las batallas épicas de los 90 contra el Atlético de Madrid, las exhibiciones históricas contra el Madrid (5-0 1994, 0-3 2005, 2-6 2009, 0-4 2010).

Pero lo mejor de todo es que estas hazañas no nos las tiene que contar nuestro abuelo; todos estos partidos, todas estas estrellas, todos estos títulos, los hemos disfrutado de primera mano, en el presente más cercano. Así que culé, si la duda te corroe, piensa en todo esto antes de lamentarte. Recuerda los grandes momentos que has vivido desde los noventa hasta ahora. 

Y a tí merengue, gracias por competir y no quedarte atrás. Gracias, digo, por hacer que nuestra guerra sea la más bonita de las guerras de este siglo, ojalá todas fueran así de inocentes.

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